La piel áspera, con sensación de tirantez, frágil y seca es la piel deshidratada debido a un desequilibrio en la película hidrolipídica que la protege. Esta se vuelve incómoda y pierde su resplandor. Se necesitan buenos hábitos diarios y tratamientos nutritivos específicos para restaurar su salud y belleza.
Comprender la piel seca
En circunstancias normales, nuestra piel está cubierta por una película fina de sebo y sudor: la película hidrolipídica, que la protege de perder demasiada agua, manteniéndola adecuadamente hidratada. Pero, ocasionalmente, la película hidrolipídica se desequilibra por la falta de grasa y/o agua. La piel entonces se seca, es áspera al tacto e incómoda, carece de elasticidad y flexibilidad y se siente tirante, especialmente después del lavado. También puede causar comezón y enrojecimiento o pueden aparecer manchas escamosas. A medida que se debilita, la piel seca reacciona con fuerza a factores externos como frío, el calor, el viento, los roces, etc. Algunos tipos de piel son especialmente propensos a la sequedad, como las pieles finas y blancas o la piel madura, ya que estas producen menos sebo y son menos capaces de retener la humedad. Sin embargo, todos los tipos de piel pueden experimentar períodos de sequedad, incluso la piel gruesa y grasa.
Factores de predisposición
Distintos factores pueden causar o agravar la sequedad de la piel:
• Exposición a luz solar, frío y cambios repentinos de temperatura.
• Viento.
• Aire caliente y seco de la calefacción interior en invierno.
• Contaminación.
• Algunos tratamientos médicos.
• Productos de limpieza.
• Baños calientes y jabones abrasivos, que disuelven parte de la película hidrolipídica.
• Agua clorada en piscinas.
• Dejar que el agua se seque en la piel después del lavado, sin secarla.
• Algunas deficiencias nutricionales (vitamina A, ácidos grasos esenciales, oligoelementos, etc.).
Superar la piel seca
Adoptar hábitos adecuados y usar tratamientos especiales suele ser suficiente para restaurar la comodidad y flexibilidad de la piel:
• Evita los baños calientes. Opta en su lugar por duchas rápidas con agua tibia.
• Después de lavarte, sécate cuidadosamente con toquecitos en la piel en vez de frotando.
• Utiliza un limpiador suave adecuado para piel seca (rico en emolientes) cuando te laves y evita el jabón.
• Hidrata la piel todos los días y cada vez que te laves la cara y el cuerpo, usando una crema especialmente formulada para piel seca.
• Elimina siempre el maquillaje antes de ir a la cama y, si es posible, usa un desmaquillante nutritivo (aceite o leche).
• Bebe al menos 1,5 litros de agua al día.
• No sobrecalientes tu casa o lugar de trabajo en invierno. Si es necesario, utiliza un humidificador de aire.
• Usa guantes cuando limpies.
• Mantén una dieta equilibrada. En particular, varía tu consumo de aceite (de semillas de oliva, colza, nuez, uva, etc.) para asegurarte de obtener la cantidad adecuada de ácidos grasos esenciales.
• Nunca te expongas al sol sin protección.
Si tu piel continúa seca a pesar de estas precauciones o si la sequedad de la piel es causada por eccema o psoriasis, consulta con el dermatólogo, quien te prescribirá un tratamiento adecuado.